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uso de redes sociales en jovenes psicologia autodidacta

1.- Introducción:

En la actualidad, el uso frecuente de redes sociales se está incrementando rápidamente en los jóvenes, estableciendo nuevos espacios de interacción mediante los cuales comparten y comparan experiencias entre usuarios, y que funcionan como nuevos marcos de referencia que guían el pensar, sentir y comportamiento de éstos. En este sentido, en un contexto de exposición constante a patrones culturales de belleza física, resalta la importancia de estudiar este fenómeno actual y sus implicancias en la formación de aspectos importantes de la identidad, tales como la imagen corporal.

 

Según el estudio Estado de Social Media en América Latina en 2018, desarrollado por ComScore, Perú ocupa el primer lugar de Alcance en Sitios de Redes Sociales por País con un 93.2%, siendo el 53% de usuarios de estas plataformas digitales menores de 34 años, de los que más de la mitad de este porcentaje son jóvenes entre los 15 a 24 años (ComScore, 2018). Asimismo, una investigación realizada en el Perú, con una muestra de 5,8 millones de usuarios online, la red más utilizada en el 2014 fue Facebook, mientras que Youtube ocupó el segundo lugar, (Ticona y Ramos, 2014); encontrando que en la realidad peruana la población tiende a utilizar las redes sociales más como una herramienta de entretenimiento, que como una herramienta para el ámbito educacional.

 

Sin embargo, en la actualidad, en un reporte digital, sobre los 22 millones de usuarios de internet en el país (68% de la población), elaborado por las plataformas “We are Social” y “Hootsuite”, en el año 2018, se observa que la presencia de Instagram crece cada vez más, siendo 4.2 millones de usuarios registrados por mes, siendo jóvenes de 18 a 24 años los que más frecuentan esta plataforma, entre los cuales, de todos los usuarios de Instagram, las mujeres constituyen el 53% (Vizcarra, 2018).

 

En este contexto, no cabe duda que a la par del avance que se está dando en las tecnologías de la información y comunicación, a través de estas plataformas, se han generado cambios en las conductas y la dinámica de las relaciones interpersonales de los adolescentes y jóvenes (García y Millán, 2012), y si bien es cierto que los adolescentes obtienen una serie de beneficios al ser usuarios de las redes sociales, debido a que éstas conforman espacios abiertos de comunicación e intercambio social, que facilitan a los jóvenes el relacionarse con sus pares y desarrollar un sentido de pertenencia; éstos aún cuentan con una madurez bastante incipiente para afrontar los diversos tipos de información y peligros que se pueden encontrar en la red (Cruz, 2016). De esta manera, existe la posibilidad de que el adolescente desarrolle tanto estrategias adaptativas como desadaptativas en el manejo de las redes sociales, que a su vez favorezcan o dificulten la construcción de su identidad (Arab y Díaz, 2015).

 

En ese sentido, en la actualidad, las redes sociales se están configurando como referentes mediante los cuales los jóvenes construyen la forma en que se perciben, sienten y actúan acerca sí mismos, lo cual estará estrechamente relacionado con las percepciones que desarrollen de su esquema corporal.

2.- Siempre se habla mucho del impacto, tanto positivo como negativo del uso de redes, pero ¿por qué una investigación así sería relevante?

La globalización y la tercera revolución tecnológica trajeron consigo grandes cambios para la humanidad, cambios que facilitan el estilo de vida y que ayudan a sustentar las necesidades de una sociedad. Uno de estos grandes cambios fue la masificación en el acceso a internet y a las plataformas sociales, un nuevo fenómeno, que se implementaría en la sociedad humana como medio, principalmente, de entretenimiento. Con el pasar de los años tal fue su magnitud e influencia que llegó a tener repercusiones en la vida de los seres humanos, al punto de alterar su comportamiento y poner mayor énfasis en aspectos estéticos.

 

Las investigaciones demuestran que cuanto mayor es la exposición de las jóvenes a contenidos de moda a través de Internet y a ciertos programas de televisión, también es mayor la posibilidad de que las niñas desarrollen anorexia nerviosa y otros trastornos alimenticios (Lozano 2012). Asimismo, un estudio realizado por Döring, Reif y Poeschl (2016), llegó a concluir que los selfies en Instagram estaban más estandarizados que los anuncios de revistas; y mientras que los hombres se centran en los músculos, las mujeres exhiben sexualización, auto-objetivación y subordinación. Según un estudio realizado por Mabe, Forney y Keel (2014), aquellas mujeres que pasan más tiempo usando Facebook muestran más comportamientos centrados en la mejora de la apariencia. Estas mujeres se mostraron más propensas a dar importancia a la recepción de comentarios y «likes», y tendían a subir con mayor frecuencia fotos de sí mismas, y a comparar sus imágenes con las de sus amigos. Además, estos autores hallaron que 20 minutos de uso de Facebook favorecían el mantenimiento de las preocupaciones acerca del peso y la forma corporal, en comparación con un grupo control.

 

En las investigaciones presentadas, se puede observar claramente que las redes sociales influyen en el comportamiento del individuo, ya que está constantemente expuesto a la comparación social. Siendo la población joven y adolescente la que más está familiarizada con todo el contexto virtual, pueden ser más susceptibles y tienden a seguir lo que es más aceptado o más “popular”, sin medir los riesgos o consideraciones éticas de lo que abarquen dichas tendencias.

 

Hay una preocupación masiva por ser un personaje con presencia en las redes, sin embargo, no se considera que existe un gran peligro en el mundo virtual, en el cual todavía faltan mecanismos de regulación, sanción y exposición para protección de la comunidad usuaria, en especial de los menores de edad.

3.-La relación entre la noción de la imagen corporal y las redes sociales

A.-Imagen corporal

La imagen corporal puede comprenderse como un constructo que abarca la percepción que un individuo tiene de su propio cuerpo y de cada una de sus partes, así como las actitudes, pensamientos, valoraciones y conductas que surgen a partir de la representación mental que construye de éste (Fehrman et al., 2016).

 

Nos encontramos, entonces, frente a un concepto multifacético y de compleja naturaleza, del cual se destacan ciertas características esenciales: 1) la imagen corporal tiene una interrelación con la autoconciencia, es decir, la manera en que el sujeto percibe su propio esquema corporal está estrechamente relacionado con la forma en que se percibe a sí mismo; 2) está determinada socialmente, puesto que, desde el nacimiento del sujeto, éste está expuesto a diversos factores sociales que influyen en la autopercepción de su cuerpo; 3) es un constructo dinámico, cuya percepción fluctúa a lo largo del ciclo vital, en base a las experiencias personales e las influencias de su entorno social; 4) impacta en el procesamiento de la información, lo cual quiere decir que, la forma en la que el individuo experimenta su propio cuerpo, influye en los significados que construye acerca del mundo que lo rodea; y 5) orienta el comportamiento, los hábitos y las prácticas que realizará la persona, a raíz del sentir y pensar actual acerca de su propio cuerpo (Pruzinsky y Cash, 1990, como se citó en Ayelo y Marijuán, 2016, pp. 28-29).

 

De esta manera, la imagen corporal es también considerada en la literatura como un constructo multidimensional, compuesta así por tres dimensiones básicas: dimensión perceptual, dimensión cognitiva-afectiva y dimensión conductual. En primer lugar, los aspectos perceptivos, los cuales, tal como su nombre hace referencia, involucran la precisión con la que se percibe el tamaño, el peso y la forma del cuerpo, ya sea en su totalidad o según cada una de sus partes. En segundo lugar, los aspectos cognitivo-afectivos involucran tanto las ideas y creencias, así como las emociones y sentimientos, asociados a la percepción de la propia imagen corporal. En este sentido, los individuos pueden experimentar pensamientos de aceptación, o desestimación y rechazo; así como emociones de satisfacción o insatisfacción, placer o disgusto, con respecto a la forma en que perciben su esquema corporal. Y, en tercer lugar, los aspectos conductuales hacen alusión a los comportamientos que surgen a raíz de los pensamientos y emociones asociados a la percepción de la propia imagen corporal, los cuales pueden incluir hábitos de retraimiento, camuflaje, rituales y otros actos de compensación (Salaberria, Rodríguez y Cruz, 2007, como se citó en González, 2013, p. 32).

 

Es importante comprender que la imagen corporal es una experiencia esencialmente subjetiva y personal, ya que, bajo esta premisa, la percepción que cada individuo tenga acerca de su cuerpo, no necesariamente será coherente con su apariencia física real. En este sentido, la insatisfacción corporal hace referencia al estado de disconformidad que tiene un individuo con su respecto a su propio cuerpo, ya sea en su totalidad o con alguna parte específica, apoyado principalmente en el contraste realizado con los modelos de belleza socialmente estereotipados (Garner, 1998, como se citó en Medina y Horna, 2016, p. 8).

 

En consecuencia, las personas que perciben de forma insatisfactoria su imagen corporal, pueden sostener conductas poco saludables como el empleo de métodos de control de masa corporal, dietas estrictas y restrictivas, así como la puesta en práctica de arduos programas de ejercicio físico. Del mismo modo, pueden experimentar consecuencias y complicaciones en la salud, a nivel físico y mental, tales como la baja autoestima, la depresión, y una mayor predisposición a desarrollar trastornos de conducta alimentaria, evidenciándose esto de forma particularmente acentuada en mujeres, adolescentes y jóvenes, debido a la gran presión a la que están expuestas por la imposición de un modelo físico de delgadez extrema (Caldera-Montes et al., 2019).

 

De esta forma, la imagen corporal viene a ser un atributo único y subjetivo, propio de seres con una naturaleza biopsicosocial, lo cual implica que la construcción que cada individuo realice acerca de su aspecto físico, se dará en un marco de interacción constante con factores tanto internos como externos a la persona.

 

En adición, la personalidad es otra característica que puede contribuir en la configuración de la imagen corporal, pues se ha encontrado que las personas con un elevado neuroticismo suelen tener mayor insatisfacción con la imagen corporal, ya que sus rasgos determinan en ellas una tendencia a la susceptibilidad psicológica y trastornos de percepción; asimismo, las personas con bajos niveles de amabilidad, que suelen tener una alta tendencia a la comparación social, ser competitivos, irritables, egoístas y críticos, registran también un alto nivel de insatisfacción en la percepción de la propia imagen corporal (Caldera-Montes et al., 2019).

 

Por otro lado, se sabe que los parámetros del ideal de belleza física se construyen por el grupo sociocultural inmediato del individuo, dentro del cual el sistema familiar de éste es el responsable de transmitir estos patrones culturales y de recrear la forma de concebir el cuerpo y la estética, así como las maneras aceptadas de sentir y actuar con respecto a éste (Pérez Gil y Romero, 2018). De esta forma, la familia viene a ser un determinante social que influye en la percepción de la imagen corporal, evidenciándose en varios estudios que los comentarios de los padres hacia sus hijos son un predictor del surgimiento de problemas relacionados a la insatisfacción con la propia imagen corporal, así como de trastornos de conducta alimentaria

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B.-Redes sociales

En la actualidad, las redes sociales se están configurando como el medio en el que se dan los procesos de interacción y socialización entre los adolescentes, siendo herramientas de comunicación de fácil acceso, mediante las cuales “pueden estar conectados mediante el teléfono móvil a todas horas, participar en conversaciones con personas de cualquier parte del mundo, pertenecer a comunidades virtuales y miles de posibilidades que ofrecen a día de hoy” (Cruz, 2016, p. 33). Así, las redes pueden comprenderse como espacios en los que diferentes usuarios se relacionan, comunican, y comparten contenido, dentro y entre las diversas comunidades digitales (Ontsi, 2011).

 

 

Dentro del gran espectro de redes sociales, la más utilizada por los jóvenes hoy en día es Instagram, que cuenta con más de 800 millones de usuarios activos mensuales (Kemp, 2018). Actualmente, esta red permite compartir fotos y vídeos, plasmando contenido de diferentes momentos que se consideren importantes para los usuarios. Además, permite utilizar herramientas como la aplicación de filtros y la edición de las fotografías, añadir las locaciones y los tags en lo que uno desea. Aparte, se puede seguir a otros personajes que se consideren del interés de los cibernautas y tener seguidores, lo que contribuye a que se reciba comentarios de otros usuarios teniendo la opción de poner “me gusta” y viceversa (Casado-Riera y Carbonell, 2018).

 

De acuerdo a un estudio de Lee et al (2015) se encontró que hay motivaciones en el uso de Instagram, en especial expresar su identidad, porque se utiliza esta plataforma para mostrarse ante la sociedad por medio de fotos como es su forma de ser, el estilo de vida que uno lleva, los gustos e intereses que tiene una persona. Esto hace alusión a una forma de sí mismo de presentarse ante los demás, en particular en los jóvenes. Además, buscan relacionarse con otros manteniendo la interacción por los intereses similares como seguir a ciertas celebridades o personajes que tienen relevancia y otros lo utilizan para relajarse o evitar ciertos problemas que le aquejan mirando las publicaciones de otros (Lee et al., 2015).

 

Asimismo, los adolescentes buscan en mayor medida confirmar su identidad a través de esta plataforma mediante la creación de su perfil, las publicaciones que realiza, la expresión que utiliza, lo que quiere aparentar de su imagen (Gordon, 2017), ya que es en esta etapa en el que cobra mayor relevancia el aspecto físico y la estructura mental de su imagen corporal de como ellos mismos se ven ya sea por el tamaño o la forma de su cuerpo u otros aspectos que toman en cuenta (García, 2004). Por lo que resulta que en cierta medida los chicos tengan mayor valoración a su imagen corporal por la preocupación a las críticas de los demás sobre todo a sus grupos de pares, pues son personas significativas y esto les genera cierta insatisfacción (Gordon, 2017).

 

Así, en un estudio realizado por Cortez et al. (2016) encontró que en cierta medida los adolescentes tienen sentimientos encontrados tanto positivos como negativos por su cuerpo, porque por un lado tiende a sentir bien, pero por el otro lado hay no se sienten conformes, pues quieren cambiar algo de sí mismos, la mayoría aspectos que tienen que ver con el físico: “mi cuerpo”; “un poco las piernas”; “mi peso”; “el físico”; “el pecho”; “la altura”; “unos brazos más fuertes”; “en general algo de cada parte” (Gordon, 2017), pues expresan que desean cambiar para poder sentirse mejor, esto se debe a que en la mayoría de los casos siguen a personas que muestran a través de sus redes cierta perfección en sus cuerpos y, también por el entorno que en el que viven, pues al ser muy crítico los chicos encuentran cierta insatisfacción y quieren seguir lo que los otros mencionan para agradarles (Cortez et al., 2016)

 

Cabe resaltar que cada vez el acceso a internet se da a más temprana edad y es debido a la exposición constante a la que se encuentran estas nuevas generaciones. Los dispositivos electrónicos en la actualidad están presentes en todos los ámbitos de la sociedad, los puedes encontrar tanto en tu propia casa, como en una estación de tren al otro lado de la ciudad, la escuela, restaurantes, municipio, etc. Por lo que aprender a utilizarlos es una necesidad que afrontan los niños durante todo su desarrollo, permitiendo de esta manera que, una vez llegada la adolescencia, puedan tener noción y dominio de una gran variedad de dispositivos tecnológicos.

 

Es evidente que el uso implicado en las redes cibernéticas está relacionado con el incremento de dispositivos electrónicos que hay en el mercado y cómo estos están partícipes en la vida cotidiana. Las nuevas generaciones, las cuales son las más inmersas en el mundo de las redes sociales, tienden a usarlas con mayor frecuencia, e incluso se ha generado una nueva forma de socialización a través de perfiles, chats e imágenes.  Su frecuencia de uso es tal que pudo realizar una transformación en la manera de relacionarse, una cultura visual, que afecta la percepción y construcción de la identidad personal y el sentido del yo (Svensson y Russmann, 2017), debido a que uno escoge selectivamente lo que quiere mostrar y seguir en estas plataformas. De esta manera se puede apreciar que puedes encontrar material con el cual te sientes identificado en las redes y material con el cual no estás de acuerdo. Lo cual nos guía hacia otra de las funciones características y motivo de uso de las redes y es que funciona como herramienta de difusión de mayor alcance, por lo que los menores y jóvenes han hecho ostensible históricamente la necesidad de expresarse y de participar en sociedad encontrando en las redes sociales la posibilidad de manifestar sus preocupaciones, pensamientos, sentimientos e intereses (Herrero-Diz, Ramos-Serrano y Nó, 2016).

 

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