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El trastorno de ansiedad social, también conocido como fobia social, según la American Psychology Association (2016) se caracteriza por un marcado o intenso miedo o ansiedad a las situaciones sociales en las que la persona puede ser analizada por los demás; este le teme a ser evaluado negativamente y juzgado como ansioso o débil. La ansiedad social genera problemas o malestar, esencialmente, en el ámbito social y profesional, debido a que puede llegar a ser tan fuerte que le impide a la persona asistir al trabajo, la escuela o realizar sus actividades diarias (Elizondo Arias, 2016). Asimismo, Rapee y Heimberg (1997) han argumentado sobre la etiología del trastorno de ansiedad social que es una interacción entre factores biológicos, y ambientales, como el maltrato infantil y la adversidad psicosocial temprana (como se citó en  Luterek, et al., 2003).

Criterios diagnósticos

1.-Miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales (p. ej., mantener una conversación, reunirse con personas extrañas), ser observado (p. ej., comiendo o bebiendo) y actuar delante de otras personas (p. ej., dar una charla).

Nota: En los niños, la ansiedad se puede producir en las reuniones con individuos de su misma edad y no solamente en la interacción con los adultos.

2.-El individuo tiene miedo de actuar de cierta manera o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente (es decir, que lo humillen o avergüencen, que se traduzca en rechazo o que ofenda a otras personas).

3.-Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad. Nota: En los niños, el miedo o la ansiedad se puede expresar con llanto, rabietas, quedarse paralizados, aferrarse, encogerse o el fracaso de hablar en situaciones sociales.

4.-Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.

5.-El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.

6.-El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.

7.-El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

8.-El miedo, la ansiedad o la evitación no se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.

9.-El miedo, la ansiedad o la evitación no se explican mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro autista.

10.-Si existe otra enfermedad (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones), el miedo, la ansiedad o la evitación deben estar claramente no relacionados con ésta o ser excesivos.

Especificar si

Sólo actuación: Si el miedo se limita a hablar o actuar en público (APA, 2016).

Prevalencia

Barnhill (2020) afirma que aproximadamente el 13% de las personas presentan fobia social en algún momento de su vida. El trastorno afecta con una prevalencia anual cercana al 9% de las mujeres y al 7% de los varones. De la misma manera, la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica de México, realizada en el 2003, expone que el trastorno de ansiedad social afecta a un 4.7% de la población, mientras que en Estados Unidos se reporta un 4% por el National Institute of Mental Health Epidemiological Catchment Area (ECA) Project (Muñoz Murillo & Alpízar Rodríguez, 2016).

La ansiedad social se presenta con mayor frecuencia en mujeres que en varones; no obstante, en  población clínica las cifras son similares entre géneros. Por otro lado, las mujeres con el trastorno presentan también un mayor número de miedos sociales, trastornos depresivos, bipolares y de  ansiedad, mientras que los hombres son más propensos a tener un trastorno oposicionista desafiante o un trastorno de conducta, así como uso de alcohol y drogas para aliviar los síntomas del trastorno (Elizondo Arias, 2016).

Comorbilidad

En la práctica clínica, la comorbilidad es importante por diversas razones, ya que esta afecta significativa y frecuentemente la evolución del paciente. La presencia de un trastorno comórbido puede disimular el otro, dar lugar a una presentación clínica más complicada o puede aumentar el riesgo de un diagnóstico erróneo. De la misma manera, el hecho de no detectar una de las condiciones comórbidas puede conducir a un tratamiento inadecuado y puede ser malinterpretado como resistencia al tratamiento (Koyuncu et al., 2019).

Essau et al. (2000) y Lewinsohn et al. (1997) afirman que, según algunos estudios realizados en Gran Bretaña, los trastornos de ansiedad se manifiestan junto a los trastornos depresivos, oposicionistas/desafiantes, trastornos por déficit de atención e hiperactividad y abuso o dependencia de alcohol. Asimismo, las tasas de de comorbilidad de la fobia social con la fobia específica son del 75%, episodio depresivo mayor al 30%, ansiedad generalizada del 27%, trastorno distímico al 20%, trastorno de angustia/pánico con agorafobia del 14%, abuso de alcohol y otras sustancias al 10%, trastorno obsesivo-compulsivo del 9% y trastorno de estrés postraumático al 7% (como se citó en Zubeidat et al., 2007).

Tratamiento

El National Institute of Mental Health (2021) expone que el trastorno de ansiedad social se trata con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos. En primer lugar, en relación a la psicoterapia, la cognitivo-conductual es de mucha utilidad para tratar este trastorno, debido a que enseña otras formas de pensar, comportarse y reaccionar ante distintas situaciones para sentir menos ansiedad o temor. Además, también sirve para aprender y practicar a desenvolverse socialmente. Puede ser especialmente útil realizar terapia cognitivo-conductual en grupo. En relación a los medicamentos, hay tres tipos que se usan para tratar los trastornos de ansiedad: ansiolíticos, antidepresivos y betabloqueadores. Barnhill (2020) asegura que suele preferirse el uso de ISRS, ya que, a diferencia de las benzodiazepinas, es improbable que interfieran con la terapia cognitivo-conductual.

Las benzodiazepinas afectan el sistema nervioso central y pueden causar somnolencia y problemas de memoria, mientras que los betabloqueadores pueden utilizarse para reducir la frecuencia cardíaca, la sudoración y el temblor experimentados en las situaciones públicas que generan ansiedad, pero estos fármacos no reducen la ansiedad en sí misma.

Referencias

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Panamericana.

Barnhill, J. W. (Abril de 2020). Fobia social. New York-Presbyterian Hospital. https://www.msdmanuals.com/es-pe/hogar/trastornos-de-la-salud-mental/ansiedad-y-trastornos-relacionados-con-el-estr%C3%A9s/fobia-social

Elizondo Arias, Y. (2016). Trastorno de ansiedad social. Revista Médica Sinergia, 1(4), 20-24. https://revistamedicasinergia.com/index.php/rms/article/view/28

Koyuncu, A., İnce, E., Ertekin, E., & Tükel, R. (2019). Comorbidity in social anxiety disorder: diagnostic and therapeutic challenges. Drugs in Context, 8. https://doi.org/10.7573/dic.212573

Luterek, J., Eng, W., & Heimberg, R. G. (2003). Tratamiento cognitivo-conductual del trastorno de ansiedad social: teoría y práctica. Psicología Conductual, 11(3), 563-581. https://www.behavioralpsycho.com/wp-content/uploads/2020/04/09.Luterek_11-3oa-1.pdf

National Institute of Mental Health. (20 de agosto de 2021). Trastorno de Ansiedad Social: Más allá de la simple timidez. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/trastorno-de-ansiedad-social-mas-alla-de-la-simple-timidez

Zubeidat, I., Fernández-Parra, A., Sierra, J. C., & Salinas, J. M. (2007). Comorbilidad de la ansiedad social específica y generalizada en adolescentes españoles. Psicothema, 19(4), 654-660. https://www.redalyc.org/pdf/727/72719418.pdf

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